martes, 23 de agosto de 2016

La casa del pueblo

He vuelto a tu casa.

La cerradura está oxidada pero sigue funcionando el mismo truco para abrirla de cuando volvía de madrugada aquellas noches de verano.
Idénticos rayos de luz inundan el pasillo que tantas veces recorriste con muletas
para demostrarnos que sabías defenderte pese a todo. 
Faltan muebles y retratos.
Sobran penas y nostalgia.

Deambulo por la casa. 
No sé si queriendo descubrir algo u ocultarlo.
No sé si deseando encontrarte a media luz en tu sofá
o rogando perderme un poco más sin tu presencia.

Hay cosas que siguen tal y como las dejaste.
El bordador sostiene una costura que nadie acabará 
y en la chimenea reposan las cenizas de aquella Nochevieja.
En la pared de la bodega cuelga la palabra FELIZ del único cumpleaños que celebramos. 
La dejarías colgada con la esperanza de que hubiera muchos más. 
Pero ya no.

En el patio aún luchan por sobrevivir las plantas que se riegan cuando llueve.
Están tristes. Añoran las tardes de visitas y conversaciones con las vecinas. 
Te echan de menos.
Como todos. Como yo. 

Armada de valor he entrado en el desván. 
¿Sabías que nunca antes pude hacerlo? 
De pequeña temía revivir todas las películas de terror que veía entre los dedos;
de mayor me alertaron del peligro de hundimiento. 
Ahora, qué más da. Malvivo hundida desde que te marchaste.
Un baúl con telarañas, cuadros heredados y un espejo enmohecido despiertan la imaginación de esta niña que siempre se resistirá a crecer.

Me he asomado a la cocina y he creído verte frente a los fogones, 
cocinando con el mimo con el que todo lo hacías. 
Me has sonreído y he escuchado que decías: 
"¿qué he tardado? No te vayas sin cenar".

He sentido el impulso de abrir tu armario. Perdona la intromisión. 
Supongo que quería comprobar que tu perfume permanece a pesar de las carcomas. 
De una percha de madera pendía un vestido de esos que lucías cuando seguías siendo joven a pesar de las tristezas y del pelo plateado. 
Me he deslizado en su interior y he visto tu rostro en el espejo, 
el abuelo paseando contigo de la mano
y he llorado al sentir el frío de unos dedos que nunca entrelazarán con tanto amor. 

He apagado las luces antes de salir y,
a tientas,
acaricio las grietas en la pared que encuentro a cada paso.
La casa te llora.
Cierro el portón imaginando que, 
con cada vuelta de llave, 
cobra vida lo que tantos años fue un hogar.
En su interior, todos los fantasmas que ahora lo habitáis:
un perro que ladra a una jaula ya vacía,
el pequeño en su triciclo,
los mayores con pelliza y caramelos.
Tantos a los que nunca conocí pero de los que siempre supe.
Todos juntos, de nuevo.

He vuelto a tu casa. 
Te veo, os veo, despedirte tras el cristal. 
Ya no estás. Pero has vuelto.
Y tu recuerdo sigue aún más vivo que nunca. 

viernes, 1 de enero de 2016

2016, voy a por ti.



En mi bolso se puede encontrar de todo. Y de nada. Lo que nunca falta es mi agenda, consecuencia de esta mala cabeza y desastroso corazón, que siempre anda perdido y buscando(te) en el calendario. Cómo voy a hacer recapitulaciones de este intenso y caótico año si todavía no tengo ordenados los añicos en los que me ha dejado convertida y tengo pendiente tirar la basura de mis despojos.

Enero me sorprendió subida a un escenario. Escribir, que comenzó hace años como terapia, se ha terminado convirtiendo en un motivo más para vivir. Al final, esconderme tras los sentimientos ha sido la forma de mostrarme al mundo.

He conocido a personas tan interesantes a las que nunca pensé que tendría la dicha de llamar amigos y en las que nunca imaginé sentir hogar entre sus brazos. ¿Cómo carajo conseguí sobrevivir sin ellos?

Me han hecho recorrer continentes sin salir de mi país y añorar los viajes con olor a mate y mandarinas. El mar me ha dado los buenos días desde un piso 13º y el cielo me regaló sus mejores estrellas desde una buhardilla de Madrid. He visto llover en Murcia mientras conseguíamos derretir al Sol. He sido princesa en La Alhambra, vagabunda en su mirada y reina de un castillo. He añorado más días de playa y olvidado esos planes que nunca hicimos. Fuiste turista entre mis piernas y aborigen de mis ganas. He hecho más maletas que el amor, joder, y deshecho menos equipaje que ilusiones, joder.

La vida profesional no me ha dado tregua. Y menos mal. Esta profesión que nunca dejaré de defender me ha costado algún problema de salud. Pero me ha dado, paradójicamente, más vida y espíritu guerrero para seguir dando la lata. Y amigos (adorablemente frikis). Os quiero.

Las bodas a las que he acudido (convirtiendo en impar siempre la mesa) me han hecho creer que eso del "amor para siempre" y "hasta que la muerte nos separe" puede llegar a ser cierto cuando he llorado al ver la felicidad en otros ojos.

Desde que nos dejaste en abril, el patio no ha vuelto a florecer. Ni he sido capaz de escribirte un solo verso. Será que poner palabras supondría asumir tu ausencia y yo, muchos días, aún tengo la sensación de volver a encontrarte en tu sofá mientras giro las llaves de casa. Tu muerte ha unido aún más a los que siempre fuimos familia.

Hubo personas que decidieron desaparecer y, con su huida, me encontré desaparecida. Tampoco he vuelto a escribir nada alegre después de él. Ni todo lo que escribo es para ti. He olvidado ropa en habitaciones a las que nunca volveré; y en camas que fueron casa cuando regresé.
Nuestras mejores fotos quedarán en mi recuerdo. Como tú. Pero qué difícil es aceptar que no soy más que un borrador, un tachón de la libreta del primer cajón de tu mesilla, un día cualquiera del calendario, otro número más en tu agenda telefónica. La que, al parecer, no debió ocurrir, aunque no fuera eso lo que me decías entonces. ¿Desde cuándo se mantiene oculto aquello que te hace feliz?

Despido el 2015 con la pena de no haber compartido más días contigo ni haber sabido darte lo que necesitabas, pero con la convicción de haberme dejado la piel por cruzarme en tu camino una y mil veces y que, al hacerlo, me siguieras deseando con ilusión y brillo en las pupilas.
Abandono el 2015 arrepentida por tragarme todas las palabras que quise decirte por temor a que engrosaras tu muro con otra capa de cemento, pero con la seguridad de que estando a tu lado no se me ocurría que pudiera existir un lugar mejor.
Y te pido perdón por no haber conseguido derribar de una patada ese puto muro y que, por fin, me creyeras. Disculpadme aquellos a los que no supe cuidar como realmente se merecían.
El 31 de diciembre es la fiesta del preestreno. Y son las lágrimas que contuve 364 días y, hoy, han colmado el vaso.
Es otro año que sumar al silencio de tus ladridos. 

He sido agua y fuente. Piedra, papel y tijera. Bata blanca y el número en un historial. Salud y enfermedad. Borrón y cuenta nueva. Canción y poema. Capítulo y libro. Lágrimas y hombro. Escoba y escombro.

Lo más increíblemente bello de este año comenzó a latir sin previo aviso pero con el mayor deseo posible. Y no dejó de latir, ni de crecer, ni de patalear, ni de hacerme descubrir que se puede amar a quien aún no has conocido. Pero ya sí. Ya estás aquí. Y me confirmas que has llegado para ser mi razón -y corazón- para vivir.

Un año de versos, acordes, recitales, presentaciones, congresos y conciertos. Letras, ciencia y música. Familia y amistad. 
Mi vida, caótica. Mi vida, distinta. Mi vida, después (y a pesar) de todo.

Gracias, mamá. Gracias, papá. Gracias, hermana.
Por aguantarme, que ya es mucho, y resume todo.
Y por estar. Siempre.
Y por enseñarme a amar aunque a veces reniegue de este arrítmico corazón.

2016, con esta compañía, voy a por ti.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Mostración


Acabo de volver a estar contigo. Ha sido breve. Quizá por eso tan intenso. O no, porque ninguno de los dos sabemos estar de otra manera.
Una despedida, hasta dentro de dos días, de esas a las que no se sabe poner fin. Abrazos interminables con más sexo encerrado que todas las noches de sábado en la ciudad. Mis ganas mordiendo tu cuello. Tu pasión desnudándome a golpe de miradas. La furia contenida en el roce de la piel.

Tan sólo son las 00.20 h. Voy camino de mi hotel. Me distraigo con el teléfono intentando acortar el trayecto de vuelta. Estoy excitada. Esta noche podría follar. Paso el dedo por los contactos. Sería tan fácil como escribir un whatsapp y responder a esa conversación que dejé a medias hace unos días. Justo en ese momento recibo un mensaje:

"Llegaste ya? Qué haces esta noche?"

Pero no. Me apetece follar, como siempre, joder, a quién no. En cambio, hoy, sólo me apeteces tú. Joder, como siempre. 
Subo al cuarto piso de un viejo edificio reconvertido en hospedería. Me he desnudado, pensando en cómo me lo harías tú. En cómo me lo hacías tú. Me siento con las piernas cruzadas y me pongo a escribir.


No sé, pero ahora que no estás no se me ocurre mayor demostración de amor.


(No volvimos a vernos dos días después. Ni dos semanas más tarde. Quizás este texto nunca ocurrió. O sí. O tal vez debamos desaparecer para encontrarnos).


miércoles, 19 de agosto de 2015

Homicidio


Volví al lugar de los hechos

pero ya nada sería igual.

Ni siquiera mis pisadas, haciendo coincidir 

punta y talón. Principio y fin.

Volví al lugar de los hechos,

donde dicen que vuelven los homicidas,

pero nunca te encontré. 

Será porque tú disparaste a mis sueños

pero fui yo quien mató mi libertad.

domingo, 26 de julio de 2015

Hagamos un trato




Yo te doy cobijo, mantengo el agua limpia y fresca, las semillas crujientes y el nido acolchado, te enseñaré a volar sin que tus frágiles patitas se fracturen si te caes, no habrá jaulas que te anulen ni peligros que te asalten.

A cambio, préstame tus alas y enséñame a amar. Libre. Con la libertad del que, aun teniendo la puerta abierta, siempre, siempre, sea aquí donde quiera(s) estar.

jueves, 23 de abril de 2015

Microcuento XVIII - Día del Libro


Convirtió en capítulo a quien podría haber sido la novela de su vida.

Desde entonces
es poeta.

lunes, 20 de abril de 2015

Soledad


Soledad es poder cambiar cada noche el lado de la cama. Saber que todas las cartas del buzón son para ti, incluidas las del chico erasmus que alquiló ese apartamento hace dos años. Poder quedarse leyendo un sábado por la noche, ver de un tirón todas las temporadas de tu serie preferida, depilarte un miércoles a las dos de la mañana o quedarte diez horas dormida en el sillón. Entablar amistad con tus miedos. Es cambiar explicaciones por elecciones; contratos por intercambios; compromisos por deseos; ataduras por libertad. Encontrarte la casa exactamente igual después de volver de vacaciones (incluido el aloe), esas en las que tu destino habrá sido un apartamento rural perdido en un pueblo sin nombre o un hostal en una playa cualquiera, en los que la única compañía que deseas encontrar es el sonido del rocío al evaporarse o el murmullo de una marea que nunca supo revelar los mensajes de las botellas que te bebías con todas sin querer a ninguna. 


Soledad también es dudar entre recuerdos, pensamientos y sueños. Arrinconar la que fue su taza favorita en el armario más alto de la cocina. Comer tres días seguidos las lentejas que mamá te enseñó a cocinar. Es inventarte respuestas cuando te preguntan por qué prefieres vivir sola a compartir piso, cómo a tu edad no tienes pareja ni planeas familia. Aprender a estar antes de que te necesiten. También incluye ser la persona a la que todos pidan favores porque, "la pobre, si está sola, qué otra cosa tiene que hacer". Pero, igualmente, pasarás por arisca al no avasallar la intimidad de los demás. La chica independiente del 4º, la rarita que siempre lleva música, un libro en la mochila y compra demasiadas verduras para uno; la misteriosa que sonríe a los desconocidos. 


Soledad es no ser lo suficientemente importante como para que ese alguien te dedique el último mensaje de la noche y las primeras palabras de la mañana. Todo lo demás...qué más da.

domingo, 29 de marzo de 2015

Microcuento XVII


Una pistola apuntando a la sien.
Aprieto el gatillo. Crujido de huesos.


El sonido de tus pasos tomando distancia 
es aquello por lo que me aterra morir.

domingo, 22 de marzo de 2015

Reclamación de intenciones

La decepción no es más que el desequilibrio entre el deseo y la realidad. Me cansé de no ser más que un efecto secundario cuando lo que necesitaba era ser la causa primaria de tus decisiones. 
De nada valen los manuales y libros de instrucciones para hablar de sentimientos. Ahora sé que lo que siempre debí escribir fue una reclamación de intenciones.


Antes de nada, no supongas que tendrás que pedirme espacio o tiempo. Deberías dar por hecho que también yo los necesito. En cuanto a la velocidad, me acostumbré a pagar las multas por exceso; no existe otra fórmula cuando se tienen tantas cosas pendientes. 
Y ganas.

Huyo de peluches, películas Disney, lo políticamente correcto, las sonrisas impostadas y las palmaditas en la espalda. Me producen alergia los amores de telenovela, los paquetes de viajes que cuelgan de las estanterías, los sentimientos planificados, las rosas de terciopelo y los llaveros con corazones partidos que llevan las llaves de lo que nunca será un hogar.

Soy adicta al café, al humor y chocolate siempre negros, a las sorpresas y a las conversaciones que no cesan hasta el amanecer. No saco morritos en las fotos, no tengo talento para cantar o bailar ni sé susurrar con esa voz orgásmica de las chicas que tanto te gustan. 
Lo siento, pero disfruto más riendo a carcajadas, hablando de guarradas con amigos en la barra de cualquier bar e inundando la casa de notas que te hagan sonreír al leerme. Digo tacos sin importarme quién me oiga ni me avergüenza dedicarte los más bonitos versos sobre el escenario. 
Tampoco busco caerle bien a todo el mundo; es más, desearía no hacerlo. Me enternece más la mirada de un animal que la de un desconocido.

No me gusta ir de tiendas salvo cuando sea estrictamente necesario. Por favor, no me lleves de paseo a los centros comerciales. Para eso está el campo. O la playa. O simplemente los rincones secretos de cualquier ciudad en la que soy experta en perderme.
No me parece especialmente romántico que me llenen de pétalos una cama inerte y fría de hotel cinco estrellas; prefiero que me embriagues de versos frente a una chimenea. 

No habrá regalos lujosos en fechas señaladas. A cambio, no olvidaré felicitarte a las 00:00 ni faltarán los detalles un día cualquiera del calendario. 
Nada de sexo el viernes por la noche, que es cuando toca. El sexo...cuando nos apetezca. El viernes noche, también. 

Tengo un corazón arrítmico que no me asegura que pueda contraerse en la siguiente sístole. Así que no me pidas promesas que duren más de lo que dura un latido; de lo contrario, estaría engañando tu futuro. Y el mío. El futuro, ése que tanto disfrutaría si lo exprimiéramos juntos. Porque cuando hablan de medias naranjas no se refieren a que busques la mitad que te haga sentir entero, si no con la que vaciarse en el más exquisito jugo.

Nunca seré el prototipo de mujer de película que a todos enamore. La única certeza es que soy la chica inconsciente para unos, solitaria para otros, demasiado sensible para todos. 
Seguramente tenía razón quien un día me dijo que no es que no me dé miedo morir, lo que no me da miedo es vivir. 

Así que si vas a ilusionarme y desaparecer, sólo te pido una cosa: 
ahórrate cruzarte en mi vida por primera vez. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Supongo


Supongo que uno empieza a escribir cuando ya no le queda espacio, ni ganas, para albergar tanto dolor.

Desde el instante en el que nos convertimos en cómplices de los deseos que nos brotaban en la piel, supe que llegaría este día. El día en el que tendría que vaciarme de los secretos que nos debemos y las promesas que nos hicimos. Vaciarse. Como si fuera posible. El perfume derramado dejará su aroma en cada poro, así como el ácido corroerá sin consuelo tu epidermis.
Por eso, también supe que nunca llegaría a olvidarte del todo. Porque a ti te debo las fotografías en la retina, la maleta siempre hecha y las sábanas deshechas. El olor del café expreso a cualquier hora y la búsqueda de la noción del tiempo que siempre perdía entre tus brazos. 
Temer amar es algo así como salir de viaje con los ojos vendados, no vaya a ser que disfrutes demasiado del trayecto.
Así que derrámame para volver a llenarme de las noches más bellas que jamás viví. Colmada de placer. Y de dolor. 

Supongo que uno empieza a escribir para sanar sus heridas. Y continúa haciéndolo cuando descubre que, tampoco así, se pueden borrar tus las cicatrices. 

viernes, 31 de octubre de 2014

Microcuento XVI - Entre guisantemos



Ella quería truco.

A él nunca se le dio bien la magia.

Ahora reposa, bella, en el congelador.

Debió haber elegido trato.


miércoles, 11 de junio de 2014

Primera Temporada de Enric Pardo

No sé cómo empezar esta entrada. No suelo escribir posts comentando libros. Pero, en este caso, no tenía más opciones. ¿Nunca has sentido una extraña sensación recorriendo tu cuerpo cuando acabas la lectura de algún libro, una mezcla entre "joder, no lo hubiera escrito mejor", "¡maldita sea, quiero empezarlo de nuevo!" y "¡cómo es posible que el tío que ha escrito esto parezca conocerme!"? Pues esa sensación es la que se te queda después de leer Primera Temporada. Y el tío ese que parece haberse colado en tu cabeza antes de ponerse a escribir es Enric Pardo.

¿Que de qué va? Pues va... Mira, para eso, uno va a la librería, lo coge entre sus manos (pongo foto y así no hay dudas), le das la vuelta y te pones a leer la sinopsis. Luego lo pagas y lo disfrutas en casa. O en el trabajo. O mientras esperas al autobús o en la cola del supermercado. Porque cuando empieces a leerlo, avisado quedas, dormirás menos, llegarás tarde a currar, perderás el bus y se te colarán las señoras de monedero axilar mientras tú te pierdes entre las páginas. Esto me lo ha contado la amiga de mi mejor amigo. 

Así que casi que mejor os cuento algunas razones de por qué deberíais leerlo.
He de decir que sigo una especie de código cada vez que voy a empezar un libro. Es personal e intransferible, tampoco revelaré mis secretos, pero esta Primera Temporada decidió que era hora de hacer una excepción y romper con mis propias normas. Empezamos bien. Sí, tengo un código, no es coña. Dexter también lo tiene y todos lo queremos. ¿Que qué pinta Dexter Morgan aquí? Pues mucho. El libro habla de series (bien, lo has pillado, el título ya deja intuir algo), pero también de amor, amistad, sexo, familia,... Es decir, de la vida. Y como tú formas parte de ella... deberías leerlo.
Luego están los extremos, que viene a ser que la novela parezca estar narrando tu vida en tiempo real, lo cual da miedete al pensar que es Sandro Rey quien te habla. Pero...no, estoy segura de que Pardo tiene mayor poder adivinatorio, todo hay que decirlo.

¿Quieres soltar carcajadas? ¿Las intercalamos con alguna lagrimilla que otra? Vas a convertirte en un personaje más de la novela y vas a reír, y llorar, disfrutar y sufrir. Pero es que así es la vida, amigo. Una caprichosa que no sabes con qué te va a sorprender. Deberías leerlo.

En muchas entrevistas que hacen al autor se repite la pregunta de cuánto de Pardo hay en Cliff (el prota), dándose por hecho que fueran casi la misma persona. Vale, según mi parecer, hay cosas que sí tienen en común (hay historias imposibles de describir si no se han vivido. Si no se han sentido). Pero descubro a Enric en algún que otro personaje de la novela. ¿Cuál? Descúbrelo tú mismo. Deberías leerlo.

Son geniales algunas de las teorías de Cliff. En muchas estarás de acuerdo. En otras...te gustaría no estarlo, pero lo estás. Deberías leerlo.

¿No eres seguidor de ninguna serie y crees que no te puede gustar el libro? ERROR. Seguro que alguna has visto, si no...mejor no desveles ese secreto a nadie y ponte manos a la obra a solucionarlo. Pero en el caso de que seas una especie en extinción, dejarás de serlo porque antes de que acabes su lectura ya te habrás enganchado a alguna. Deberías leerlo.

¿Más razones? Las hay. Muchas. Pero no pienso hacer spoiler. Descúbrelas tú mismo.

Eternamente podría estar disfrutando de esta Primera Temporada como si de una serie de 10 años se tratara. Y, aun así, seguiría deseando un capítulo más. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Mudanzas vacías


Las calles aguardaban tus pasos, tanto como yo anhelaba escucharlos por el pasillo, a medianoche, acercándose a la habitación en la que apenas dormimos pero tanto soñamos.

¿Cuándo dejamos de querernos?
Lo descubrí aquella noche. Aquella en la que no eché de menos el "dulces sueños" de rigor, ni tu mano en mi cintura ni caricias en el pelo. La duda en los labios, con la claridad tras las persianas, lo confirmó.

Descalza por el pasillo, tropecé. Aún quedaban cajas amontonadas. 
Prefería cambiar de cielo cada mañana que de brazos que me abrigaran. En cambio, para ti era más fácil mudar corazones que sillones. Y, en una de esas mudanzas, dejé olvidados mis latidos.


viernes, 14 de febrero de 2014

Microcuento XII - S.V.


Ahora sé que en aquel San Valentín me hiciste el mejor regalo: no acudir a nuestra cita.

Lo sigo disfrutando 365 días al año.

martes, 14 de enero de 2014

Jaque


Decidimos firmar un pacto: jugaremos a amarnos, propusiste. 
Ante tu sorpresa, acepté. Desplegamos el damero.

- Amémonos como los protagonistas de este juego: rey y reina. Yo, mataré por ti; tú, pensarás que me proteges - dijiste cual ajedrecista.

-Jaque mate - respondí. - Olvidé jugar en el mismo equipo.


miércoles, 8 de enero de 2014

Microcuento XI - El tiempo en tus pupilas



- Detén el tiempo. Quiero despertar a tu lado cada mañana – me dijiste aquella noche.

Arranqué las agujas al reloj y clavé tus ojos en la mesilla.

- Lo que me pidas, princesa.


lunes, 30 de diciembre de 2013

El sabor de los finales

Dos miradas en la barra de aquel bar confundieron tu sonrisa y mis lágrimas que ahogar.
Dos caricias separaron el "hubiera sido" del "podría ser".

Yo, cometa. Tú, los hilos. Un deseo lanzado al viento.
Ése que aviva el fuego y agita el oleaje. Ése con el que enviaba tus besos y deshojaba margaritas.
Desanduve los pasos y nunca supe si el SÍ llegó a rozar tus pestañas. Descubrí un NO SÉ arañando mis entrañas.

Otros cuerpos me desean con la urgencia que te anhelo. En cambio, tú, preferiste oler los pétalos en otras manos, a expensas de engañar a ese destino que nos presentó una mañana cualquiera y dibujó en mi palma la fina línea del amor. Si te tocaba, se borraría; si la borraba, la tatuaría en la tuya. Pero la quiromancia es un mal sueño.

Desnudar crisantemos alarga el tiempo de espera. Pero siempre llega ese instante en el que decidir con quién huir. Tú ya lo hiciste. A veces, incluso, imagino encontrarme en tu huida.


El deseo contenido en la punta de los dedos.
Conversaciones sin voz.
Paseos bajo unas luces que nos recuerdan que es Navidad.
La pasión escondida en abrazos.
Las fotos que no nos hicimos para volvernos a ver.
Tu perfume en mi vestido.
Agua en las pupilas.
La ingenuidad de creerme capaz.
La inocencia de creerme especial.
El "quiero hacerte feliz" que cambié por "quiero que seas feliz".
Los "te necesito" que nos quedan por decir.
El "te quiero" que, ilusa, creí escuchar.

El dolor de la última mirada.


Esto nos quedó cuando el año se acaba...




sábado, 16 de noviembre de 2013

Ciencias (in)exactas


Me mostraste que el amor es esa ciencia inexacta que se oculta en tus palabras.

Yo, que nunca destaqué en las exactas, terminé siendo una apasionada de la atracción infinita de los cuerpos. Los nuestros. Los que tantas veces soñamos con fundir. Confundir la noche y el día; los sueños y la realidad, que se convierte en pesadilla sin tu aliento; tu felicidad y la mía.
Con ciencia supiste rasgar la coraza, despojarme de los miedos y sentir mi conciencia palpitar en tus manos.

Ahora, yace en cualquier rincón. Buscando el calor de tus manos, esas que sin tocarme erizan mi piel, esas con las que fabricamos... aviones de papel.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Vérsame


Sedienta de tus besos
cada noche, a cambio,
me ofrecías tus versos.


Ahora, vacío vasos buscando tus poemas. Cualquier día.

Ahora, emborronas carmines buscando mis besos. Cualquier noche.