Traeré el calor entre mis dedos, para que tu piel jamás conozca la dureza del invierno.
Mis pupilas recogerán los paisajes más bellos, y así, cuando crucemos nuestras miradas, crearemos los escenarios de esos sueños que aún nos quedan por vivir.
Mis labios te susurrarán la música de los mares, con esa enigmática paz que caracteriza a las caracolas.
Cada noche te soñaré,
cada día te recordaré,
cada instante...
te añoraré.
En cada vida,
te amaré.
martes, 31 de agosto de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
Los Amarillos

¿Quiénes son los amarillos?
En esta entrada vuelvo a nombrar a Albert Espinosa, ya que sólo él podía ser el creador de este magnífico término.
El último libro que este verano ha puesto en mis manos, bueno, no, he sido yo la que ha ido en busca de su lectura, ha sido "El mundo amarillo", de Espinosa. Y precisamente de ahí es de donde me he permitido el lujo de extraer este concepto para, de una u otra manera, poder ayudar a extender este término que seguramente todos hayamos experimentado pero pocos hayan puesto nombre.
¿Quiénes son los amarillos?
Una buena definición sería: Persona especial en nuestra vida. Los amarillos se encuentran entre los amigos y los amores. No es necesario verlos a menudo o mantener contacto con ellos. La forma de relacionarse con los amarillos es el cariño, la caricia y el abrazo. Hay 23 en nuestra vida. Las conversaciones con ellos hacen que mejoremos como personas y descubramos nuestras carencias. Son el nuevo eslabón de la amistad.
Los amarillos no son fruto de la casualidad. Los amarillos se sienten, notas que puede serlo. Resulta curioso y puede que difícil de comprender por qué un desconocido que hasta hace dos minutos no formaba parte de tu mundo, después se convierte en parte tuya, te entiende más que cualquier persona de este mundo y notas que te ayudan de una manera tan profunda que te sientes comprendido e identificado.
Esto es tan sólo una pincelada de todo lo que puedes descubrir en "El mundo amarillo. Si crees en los sueños, ellos se crearán".
¿Quieres ser mi amarillo?
jueves, 19 de agosto de 2010
¿Somos lo que recordamos?
¿No recordar todos los instantes que antaño compartimos significa comenzar a olvidarte? ¿No existe una copia de seguridad de los recuerdos?
Si no consigo hilar todo aquello que un día vivimos, nuestra historia no será más que un amasijo de recortes que ni siquiera sé ordenar.
¿Y si lo que recordamos es la cara opuesta de una realidad que jamás volveremos a revivir? ¿O es que mi mente no es más que una productiva fábrica de oasis que sacian mi sed de un mundo nuevo?
No puedo soportar la idea de que algún día podamos observar viejas fotos como si éstas no pertenecieran a nuestros álbumes, sin recordar el motivo de nuestras alegres sonrisas en aquella imagen junto al faro, ni el por qué me sonrojaba en aquélla otra mientras miraba el objetivo de tu cámara. O no volver a estremecerme al evocar el día en el que decidiste contar todos los lunares que dibujan mi cuerpo. Ni reconocer al señor alto y de aspecto bonachón y a la hermosa señora de inmensos y brillantes ojos que me abrazan en aquella foto del aeropuerto, o esa rubia de ojos verdes que aparece disfrazándome en cada instantánea, o ese cachorro juguetón que brinca sorteando las olas de un mar revuelto...
¿Y si cada recuerdo o detalle que abandona nuestra memoria supusiera arrancar las hojas del bloc de nuestra vida? Al final, una página tras otra se irían perdiendo por el camino, creando remolinos en el aire, y nuestra libreta no sería más que un muelle de alambre del que penden unas raídas y enmohecidas tapas. Una raquítica columna vertebral que ha perdido su función de sustento.
No, me niego a pensar que eso es posible. La imagen podrá desaparecer sin dejar siquiera un rastro en mi mente, pero los sentimientos no pueden esfumarse sin más. Podrán mutar, perder intensidad o ganarla, pero jamás perderse. Y todo lo que a una emoción asociemos, permanecerá por siempre con nosotros.
Si no consigo hilar todo aquello que un día vivimos, nuestra historia no será más que un amasijo de recortes que ni siquiera sé ordenar.
¿Y si lo que recordamos es la cara opuesta de una realidad que jamás volveremos a revivir? ¿O es que mi mente no es más que una productiva fábrica de oasis que sacian mi sed de un mundo nuevo?
No puedo soportar la idea de que algún día podamos observar viejas fotos como si éstas no pertenecieran a nuestros álbumes, sin recordar el motivo de nuestras alegres sonrisas en aquella imagen junto al faro, ni el por qué me sonrojaba en aquélla otra mientras miraba el objetivo de tu cámara. O no volver a estremecerme al evocar el día en el que decidiste contar todos los lunares que dibujan mi cuerpo. Ni reconocer al señor alto y de aspecto bonachón y a la hermosa señora de inmensos y brillantes ojos que me abrazan en aquella foto del aeropuerto, o esa rubia de ojos verdes que aparece disfrazándome en cada instantánea, o ese cachorro juguetón que brinca sorteando las olas de un mar revuelto...
¿Y si cada recuerdo o detalle que abandona nuestra memoria supusiera arrancar las hojas del bloc de nuestra vida? Al final, una página tras otra se irían perdiendo por el camino, creando remolinos en el aire, y nuestra libreta no sería más que un muelle de alambre del que penden unas raídas y enmohecidas tapas. Una raquítica columna vertebral que ha perdido su función de sustento.
No, me niego a pensar que eso es posible. La imagen podrá desaparecer sin dejar siquiera un rastro en mi mente, pero los sentimientos no pueden esfumarse sin más. Podrán mutar, perder intensidad o ganarla, pero jamás perderse. Y todo lo que a una emoción asociemos, permanecerá por siempre con nosotros.
martes, 17 de agosto de 2010
El eterno adiós
La luz se apagó. Ahora, tus días ya no tienen orden en el calendario, pero tampoco quiero que los ordenes. No importan las horas, si hace frío o calor, si el reloj indica que deberías llevarte algo a la boca o dormir a pierna suelta. Qué importan los ritmos circadianos.
El destino canalla te ha arrebatado un buen pedazo de corazón. Te ha tocado hacer frente a una de las más duras despedidas, ese eterno adiós a un padre.
Siempre me ha impresionado tu fortaleza, tu entereza para salir adelante de las más adversas circunstancias y, lo más difícil, sin perder la alegría y la sonrisa que te caracterizan. Ahora, toca apretar los dientes y tirar para adelante. Nada es comparable al dolor que produce la muerte de un ser querido, por supuesto, por eso concédete el tiempo necesario para superar esta dura etapa de duelo. Deja que todos esos amigos que tienes y que jamás te faltarán, cuidemos de ti, y que al menos por esta vez dejes de ser tú el cuidador.
Olvida las palabras no dichas, incluso aquellas que un día pronunciamos y de las que nos arrepentimos, pues el poder de una mirada, un gesto o la sencillez de un detalle siempre dejan entrever nuestros verdaderos sentimientos, y aquellos que bien nos conocen supieron desde un principio descifrar y valorar. Y es que tu enorme corazón se siente a pesar de los cerca de 1.000 km que te separan de tu tierra, de la misma forma que también ese cariño llegaba hasta tu padre cada día. Hasta el último momento has estado al pie del cañón, siéntete orgulloso.
A pesar de tantos años de amistad, es curioso que jamás conocí a tu padre. Sin embargo, aún conservo un regalo en el que ambos colaborásteis. ¿Recuerdas cuando, siendo una pequeñaja, te confesé aquel inocente sueño de poder recoger toda la basura del planeta con un sencillo pincho y mucha paciencia? Pues sí, al poco tiempo te presentaste con el nombrado pincho metálico con empuñadura de goma que tu padre y tú elaborásteis.
G., somos muchos los que te queremos. Mucho ánimo y un inmenso abrazo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Una infancia feliz
"La infancia es uno de los mejores dones que los padres pueden dar a sus hijos"
Recuerdo que esta frase se la envió en un mensaje de móvil a mis padres hace unos años, cuando me encontraba estudiando en Madrid, en una de esas noches de espesa nostalgia. Por supuesto, mi madre me llamó llorando, emocionada.
Aunque hayan pasado años desde aquello y a pesar de haber vuelto al hogar familiar (como en casa, en pocos sitios), sigo compartiendo esa afirmación.
Afortunadamente, he tenido una infancia muy feliz. Inmensamente feliz. No se me ocurre quejarme del resto de las etapas de mi vida, aunque ha habido de todo, pero recuerdo y revivo con especial satisfacción y entusiasmo aquellos primeros y maravillosos años. Quizá sea por eso por lo que conservo recuerdos imborrables desde edades excesivamente tempranas como para ser capaces de almacenarse en la memoria.
No existía el aburrimiento (bueno, realmente tengo la suerte de no conocerlo todavía) y las tardes daban para sacar todos los juguetes del armario, salir a la calle con un trozo de pan con chocolate, volver y seguir jugando y, con todo eso, aún seguía el sol en lo alto, sin hacer ningún amago por esconderse.
No conocía ni el significado de las palabrás "estrés" o "agobio". Mi pasión por la lectura se fraguó incluso antes de comenzar a andar, de manos de mi padre, pues raro era el día en que no aparecía con libros y tebeos. No hubo día, ni lo hay ahora, en el que mis padres no me cubrieran de besos y achuchones.
Y es que así...¿cómo no guardar magníficos recuerdos?
Mary Cholmondeley
Recuerdo que esta frase se la envió en un mensaje de móvil a mis padres hace unos años, cuando me encontraba estudiando en Madrid, en una de esas noches de espesa nostalgia. Por supuesto, mi madre me llamó llorando, emocionada.
Aunque hayan pasado años desde aquello y a pesar de haber vuelto al hogar familiar (como en casa, en pocos sitios), sigo compartiendo esa afirmación.
Afortunadamente, he tenido una infancia muy feliz. Inmensamente feliz. No se me ocurre quejarme del resto de las etapas de mi vida, aunque ha habido de todo, pero recuerdo y revivo con especial satisfacción y entusiasmo aquellos primeros y maravillosos años. Quizá sea por eso por lo que conservo recuerdos imborrables desde edades excesivamente tempranas como para ser capaces de almacenarse en la memoria.
No existía el aburrimiento (bueno, realmente tengo la suerte de no conocerlo todavía) y las tardes daban para sacar todos los juguetes del armario, salir a la calle con un trozo de pan con chocolate, volver y seguir jugando y, con todo eso, aún seguía el sol en lo alto, sin hacer ningún amago por esconderse.
No conocía ni el significado de las palabrás "estrés" o "agobio". Mi pasión por la lectura se fraguó incluso antes de comenzar a andar, de manos de mi padre, pues raro era el día en que no aparecía con libros y tebeos. No hubo día, ni lo hay ahora, en el que mis padres no me cubrieran de besos y achuchones.
Y es que así...¿cómo no guardar magníficos recuerdos?
lunes, 2 de agosto de 2010
Vivir amando, amar muriendo
Anoche, cuando me disponía a irme a la cama, no con muchas ganas, me dio por zapear. En el primer canal que apareció, acababa de empezar la película de La novia cadáver, de Tim Burton. Así que decidí alargar el momento de contar ovejitas hasta después de ver la peli. La vi el año en que la estrenaron, pero ya no la recordaba. Qué curioso me resulta comprobar que, dependiendo del escenario y las emociones reinantes en un determinado momento, un mismo hecho puede suponer para la misma persona, un sinfín de manifestaciones y significados diferentes. Increíble me resultó no acordarme del film, pues ayer quedé maravillada y...emocionada. ¿Será que el verano me tiene con la sensibilidad a flor de piel?
No soy muy entusiasta de películas de dibujos, sea cual sea el público al que vayan destinadas, pero siempre hay excepciones; y ésta es una de ellas, sobre todo teniendo en cuenta que soy fiel seguidora de Burton.
Cuando acabó, mis pensamientos no estaban por la labor de mantenerse calladitos hasta la mañana siguiente, así que opté por dar fin a la lectura del último libro de Gayle Forman, "Si decido quedarme", que narra la historia de una chica que, tras un accidente de tráfico, debe decidir entre vivir o morir. Así, me dieron las 3:30 cuando apagué la luz de la mesilla, pero aún no era hora de pulsar el interruptor del sueño. No sé si esta noche he dormido, juraría que he permanecido en un estado de duermevela en el que he seguido rumiando el tema de "el después", ¿qué pasa cuando morimos? Y es que, podría quemar las horas extendiendo esta temática y jamás, en vida, creo que podamos llegar a sacar una única conclusión, pues siempre encuentro nuevos detalles y posibilidades. Esta materia la dejaré para unas cuantas entradas, pues no creo que me baste tan sólo una.
¿Podrá el amor superar la barrera de la muerte? Por supuesto.
Y mi corazón responde
aunque no late se rompe
y yo sufro en realidad
no diréis que no es verdad
y aunque sé que muerta estoy
aún me quedan lágrimas que derramar...
No soy muy entusiasta de películas de dibujos, sea cual sea el público al que vayan destinadas, pero siempre hay excepciones; y ésta es una de ellas, sobre todo teniendo en cuenta que soy fiel seguidora de Burton.
Cuando acabó, mis pensamientos no estaban por la labor de mantenerse calladitos hasta la mañana siguiente, así que opté por dar fin a la lectura del último libro de Gayle Forman, "Si decido quedarme", que narra la historia de una chica que, tras un accidente de tráfico, debe decidir entre vivir o morir. Así, me dieron las 3:30 cuando apagué la luz de la mesilla, pero aún no era hora de pulsar el interruptor del sueño. No sé si esta noche he dormido, juraría que he permanecido en un estado de duermevela en el que he seguido rumiando el tema de "el después", ¿qué pasa cuando morimos? Y es que, podría quemar las horas extendiendo esta temática y jamás, en vida, creo que podamos llegar a sacar una única conclusión, pues siempre encuentro nuevos detalles y posibilidades. Esta materia la dejaré para unas cuantas entradas, pues no creo que me baste tan sólo una.
¿Podrá el amor superar la barrera de la muerte? Por supuesto.
Y mi corazón responde
aunque no late se rompe
y yo sufro en realidad
no diréis que no es verdad
y aunque sé que muerta estoy
aún me quedan lágrimas que derramar...
sábado, 31 de julio de 2010
Escenario de viaje

El verano, estación de viajes por excelencia, de kilómetros en la maleta e ilusiones en el corazón, de recuerdos y anhelos, de anécdotas y romances. El moleskine de la vida.
Coches, autobuses, aviones y algún que otro ferry. Estrechos caminos de piedra, anchas e interminables autopistas, marejadas y oleajes, solitarias estaciones, despedidas y bienvenidas.
Accedo al último vagón del tren. Tomo asiento, la mirada perdida en dirección contraria al trayecto que nos queda por delante. Quizá la vida sea como el paisaje que se extiende frente a mí: puedo ver lo que voy dejando atrás, cada vez más imperceptible, mientras que el futuro me resulta incierto.
jueves, 29 de julio de 2010
Sólo entonces
-¿Cómo? ¿Qué dices?
-Ahora, pensándolo fríamente, es lo mejor que podría desearte en esa situación.
-No digas bobadas. No pasará nada.
-¡Nadie sabe lo que puede pasar! Una vez el daño esté hecho, no quiero tomar decisiones bajo la asfixiante atmósfera del miedo. Si eso ocurriera, tampoco tú te dejes arrastrar por la pena, por la compasión. Corre como, cuando siendo pequeños, jugábamos al pañuelo. No vuelvas la vista atrás, no vaya a ser que nuestras pupilas se crucen y pierdas la partida.
-A ti es a la única que no quiero perder. Ni hoy, ni mañana, ni en 7 vidas si fuera un gato.
-Anda, tonto. ¿No entiendes que quedarte a mi lado, en esas condiciones, sería echar a perder tu vida? No es necesario que los dos suframos; sería muy egoísta y cobarde por mi parte. Y sabes que soy muy cabezona.
-Y me encantas.
-Te encanto ahora. Pero....¿y cuando no pueda besarte como tanto te gusta? ¿cuando no vuelva a sentir las caricias de tus labios en mis sonrojadas mejillas? ¿cuando no pueda pasar las noches escuchándote susurrarme al oído esos cuentos no aptos para princesas que tanto te gusta contarme? ¿cuando mis papilas sean incapaces de saborear ese flan de mango que tan rico te sale? ¿cuando me mires y ya no reconozcas en mi rostro a la chica de la que un día te enamoraste? ¿cuando...?
-¡Chssssst! ¡No sigas!
-Por cerrar los ojos no impedirás que el sol salga cada mañana. ¿Crees que para mí es fácil decirte todo esto? El tiempo pasa y, con él, se irán los días. Y eso, jamás podrás recuperarlo. Y si el destino me tuviera preparada tal atrocidad, quiero que no derrames ni una sola lágrima y huyas. Consume los sueños que nos quedaron por cumplir y haz realidad esas ilusiones que tantas noches nos mantuvieron despiertos, disfrutando con el atrevimiento y la alegría de antaño.
-Si me dices todo esto, ¿es porque ya no me quieres?
-Todo lo contrario, amor. Si te lo digo es....porque te quiero demasiado.
jueves, 22 de julio de 2010
Esta mañana, al abrir el armario del pasillo para sacar la maleta, una carpeta de plástico ha caído desde lo alto a mis pies. Al recogerla he visto que era tu cartilla del veterinario.
Después de 2 años y 7 meses siguen apareciendo tus pertenencias por cualquier rincón de la casa, a pesar de creer tirarlo todo a la basura el mismo día en el que tu esforzado corazón dejó de latir y con aquél último hálito te despediste de nosotros. Siempre he pensado que esperaste a morir cuando todos estuviéramos juntos, con lo difícil que era por aquél entonces. La ausencia en aquellos momentos hubiera resultado terrorífica. Fatídicas Navidades de 2007...
Y es que no necesito ver tus juguetes, tu cama, o aquella mantita en la que te gustaba acurrucarte, para recordarte, pues tu alma se apoderó de cada habitación de la casa y, por supuesto, de nuestros corazones. En cada gesto, en cada palabra, en cada acción....acudes a mi mente. A veces, incluso a mi realidad, y tengo que frotarme los ojos pues juraría haberte visto caminar a mi lado.
Después de 940 días no he sido capaz de escribir sobre ti apenas unos renglones y es que, cada vez que comienzo, los dedos me tiemblan, apenas puedo tragar saliva y el llanto me hace suya. Aún no estoy preparada. Puede que nunca lo esté.
Te echo tanto de menos...

Después de 2 años y 7 meses siguen apareciendo tus pertenencias por cualquier rincón de la casa, a pesar de creer tirarlo todo a la basura el mismo día en el que tu esforzado corazón dejó de latir y con aquél último hálito te despediste de nosotros. Siempre he pensado que esperaste a morir cuando todos estuviéramos juntos, con lo difícil que era por aquél entonces. La ausencia en aquellos momentos hubiera resultado terrorífica. Fatídicas Navidades de 2007...
Y es que no necesito ver tus juguetes, tu cama, o aquella mantita en la que te gustaba acurrucarte, para recordarte, pues tu alma se apoderó de cada habitación de la casa y, por supuesto, de nuestros corazones. En cada gesto, en cada palabra, en cada acción....acudes a mi mente. A veces, incluso a mi realidad, y tengo que frotarme los ojos pues juraría haberte visto caminar a mi lado.
Después de 940 días no he sido capaz de escribir sobre ti apenas unos renglones y es que, cada vez que comienzo, los dedos me tiemblan, apenas puedo tragar saliva y el llanto me hace suya. Aún no estoy preparada. Puede que nunca lo esté.
Te echo tanto de menos...

jueves, 15 de julio de 2010
Y de repente....una canción
No sé ni por dónde empezar. Se agolpan las sensaciones. Debí escribir esta entrada hace unos días, pero nadaba en un mar de sueños, me embriagaban los hermosos detalles de la amistad y no conseguía hilar las palabras tan finamente como quisiera. Pero no puedo esperar más.
A raíz de escribir la entrada anterior ("besos"), mi amigo y hermano Alfonso me dejó intrigada tras su comentario, pues me decía que no comentaría nada y que más adelante sabría el porqué. Tratándose de él, ¡podría esperar cualquier cosa! Tanteé la posibilidad de que hubiera continuado escribiendo versos, ampliando así el texto; o que hubiera echado mano de su ocurrente prosa para escribir una historia sobre el tema. Pero, una vez más, superó las expectativas.
Horas más tarde veo, en mi bandeja de entrada, un email en negrita enviado por mi amigo. Lo abro, con la alegría con la que leo los mensajes de los más allegados en busca siempre de noticias bellas. No lo puedo creer: Alfonso me hace llegar una canción. No es una canción cualquiera. Los versos que días antes publiqué en el blog, ahora bailan al son de su música, se mecen al compás de su voz.
Siento mi esófago vibrar, y un nudo en la garganta se intenta abrir paso entre la amalgama de emociones encontradas. Risa y llanto, dos expresiones tan antónimas para un mismo sentimiento, empiezan a manifestarse. Enciendo el reproductor y la escucho una y otra vez. A cada play un detalle, tras cada estrofa una emoción.
Tan agradecida me siento que el cuerpo se me paraliza; y sólo puedo escucharla. Quién me iba a decir que aquellos versos que aparecieron en mi cabeza mientras la enjabonaba en una reconfortante ducha, paridos tras garabatear un esbozo en un arrugado papel, serían fuente de tan penetrante ilusión.
Por todo ello, tan magnífico regalo debía compartirlo con los que me leen. Muchos ya lo conocen; para otros seguro que será un placer empaparse de su arte.
Aprovechar también la entrada para agradecer el enorme apoyo, las constantes manifestaciones de cariño y el interés mostrado por aquellos amigos blogueros que siempre han estado al pie del cañón, más incluso en esos recientes momentos más delicados y duros que el destino caprichoso puso en el camino. No hace falta dar nombres, pues se escriben con mayúscula en el corazón.
Enormemente agradecida, os dejo disfrutar con la canción:
A raíz de escribir la entrada anterior ("besos"), mi amigo y hermano Alfonso me dejó intrigada tras su comentario, pues me decía que no comentaría nada y que más adelante sabría el porqué. Tratándose de él, ¡podría esperar cualquier cosa! Tanteé la posibilidad de que hubiera continuado escribiendo versos, ampliando así el texto; o que hubiera echado mano de su ocurrente prosa para escribir una historia sobre el tema. Pero, una vez más, superó las expectativas.
Horas más tarde veo, en mi bandeja de entrada, un email en negrita enviado por mi amigo. Lo abro, con la alegría con la que leo los mensajes de los más allegados en busca siempre de noticias bellas. No lo puedo creer: Alfonso me hace llegar una canción. No es una canción cualquiera. Los versos que días antes publiqué en el blog, ahora bailan al son de su música, se mecen al compás de su voz.
Siento mi esófago vibrar, y un nudo en la garganta se intenta abrir paso entre la amalgama de emociones encontradas. Risa y llanto, dos expresiones tan antónimas para un mismo sentimiento, empiezan a manifestarse. Enciendo el reproductor y la escucho una y otra vez. A cada play un detalle, tras cada estrofa una emoción.
Tan agradecida me siento que el cuerpo se me paraliza; y sólo puedo escucharla. Quién me iba a decir que aquellos versos que aparecieron en mi cabeza mientras la enjabonaba en una reconfortante ducha, paridos tras garabatear un esbozo en un arrugado papel, serían fuente de tan penetrante ilusión.
Por todo ello, tan magnífico regalo debía compartirlo con los que me leen. Muchos ya lo conocen; para otros seguro que será un placer empaparse de su arte.
Aprovechar también la entrada para agradecer el enorme apoyo, las constantes manifestaciones de cariño y el interés mostrado por aquellos amigos blogueros que siempre han estado al pie del cañón, más incluso en esos recientes momentos más delicados y duros que el destino caprichoso puso en el camino. No hace falta dar nombres, pues se escriben con mayúscula en el corazón.
Enormemente agradecida, os dejo disfrutar con la canción:
jueves, 8 de julio de 2010
Besos
Nadie le avisó entonces
de que aquella sonrisa escondía
inocentes besos pueriles
por los que su vida daría.
Frescos besos de verano,
bravura ansiosa
que su hormonado corazón
calienta besos en invierno;
fútiles ósculos sin razón.
Flagela mi dolor,
liba mi esencia,
maldito tirano temporal
que consume mi paciencia.
Carmín en la camisa,
Montblanc en la repisa.
Almibarado crimen.
Pétreas lágrimas recorren
el páramo de sus entrañas.
Y en las sombras,
sueño,
con la calidez de tus pupilas.
A la mañana la despiertan
sonoros labios;
mero eco del vacío inerme que encierran.
Remendados besos de hilandera
crearon costuras en su viejo corazón,
recuerdos de aquella primavera
en la que siendo joven, perdió la razón.
Necesito ese beso que me haga creer que no existen los problemas;
ese abrazo que me impida percibir el fuerte vendaval que nos rodea.
de que aquella sonrisa escondía
inocentes besos pueriles
por los que su vida daría.
Frescos besos de verano,
bravura ansiosa
que su hormonado corazón
calienta besos en invierno;
fútiles ósculos sin razón.
Flagela mi dolor,
liba mi esencia,
maldito tirano temporal
que consume mi paciencia.
Carmín en la camisa,
Montblanc en la repisa.
Almibarado crimen.
Pétreas lágrimas recorren
el páramo de sus entrañas.
Y en las sombras,
sueño,
con la calidez de tus pupilas.
A la mañana la despiertan
sonoros labios;
mero eco del vacío inerme que encierran.
Remendados besos de hilandera
crearon costuras en su viejo corazón,
recuerdos de aquella primavera
en la que siendo joven, perdió la razón.
Necesito ese beso que me haga creer que no existen los problemas;
ese abrazo que me impida percibir el fuerte vendaval que nos rodea.
martes, 6 de julio de 2010
Un premio por sorpresa
-->
Enciendo el ordenador, esta vez, con la paz y tranquilidad que tan ansiadamente busqué en los últimos meses. Hago parada en el blog de mi gran amigo Luismi: 168 Café del Swing, y me encuentro con una grata sorpresa. Tratándose de el, sorpresas y detalles no faltan cada día. Esta vez mi asombro es debido al Premio Dardos que he recibido de su mano. De esta forma, se facilita la difusión de la literatura, la cultura, y demás expresiones artísticas y emocionales. Ahora, me toca a mí colaborar en esta transmisión literaria y asignar el premio a 15 blogs más. Compleja tarea la de seleccionar tan sólo 15 de los magníficos blogs que rondan por la red e intentar otorgarlo a aquellos que aún no lo poseen.
Nebroa: ...a orillas de qué?
-->
Mario: Cuento lo que quiero
Amada: Desafiando la gravedad
Alfonso: El escaparate de mis pensamientos
Agustín: El viaje íntimo de la locura
Lydia: El viaje:año cero
Carlos: EN-MI-ALTA-VOZ
Gustavo: Hablando con imágenes
Antonio: La Prisa y La Palabra
Alejandro: Heroe del Whisky
Coco: soy coco
Christopher: ácratas mentirosos
José Carlos: Otras letras
MUCHAS GRACIAS, Luismi!
sábado, 3 de julio de 2010
Adversidades
Y fue entonces cuando dejé de dormir. Las noches eran cortos abismos de terror. Los días, más largos, eran ficticios parapetos para un pavor adormecido tras la dudosa seguridad que otorga el control de la situación bajo el sol.
Y los días pasaban. Y me acostumbré a convivir con el miedo.
Los rosales de la azotea me regalan, cada mañana, su flor más hermosa, ajenos al dolor de la mano que los riega pues ésta, ajada en sus quehaceres, le entrega la más tierna caricia que desprenden las yemas de sus dedos.
Las begoñas, marchitos tallos a finales del invierno, consiguieron reverdecer al abrigo de tus constantes cuidados.
Las adversidades nos ponen a prueba. Un análisis emocional capaz de unir o desunir según la calidad y fortaleza de los lazos que nos mantienen conectados. Los deshilachados hilos se romperán con la mínima sacudida; mas aquellos fuertemente entrelazados resistirán el más fuerte oleaje.
Y los días pasaban. Y me acostumbré a convivir con el miedo.
Los rosales de la azotea me regalan, cada mañana, su flor más hermosa, ajenos al dolor de la mano que los riega pues ésta, ajada en sus quehaceres, le entrega la más tierna caricia que desprenden las yemas de sus dedos.
Las begoñas, marchitos tallos a finales del invierno, consiguieron reverdecer al abrigo de tus constantes cuidados.
Las adversidades nos ponen a prueba. Un análisis emocional capaz de unir o desunir según la calidad y fortaleza de los lazos que nos mantienen conectados. Los deshilachados hilos se romperán con la mínima sacudida; mas aquellos fuertemente entrelazados resistirán el más fuerte oleaje.
sábado, 19 de junio de 2010
El otro camino
Por miedo a la respuesta preferiste la seguridad de lo ignoto a la incertidumbre de la negativa. Hiriente inseguridad; traicionera duda. Un todo o nada a la oscura certeza.Ante tus ojos se abrieron dos caminos; sin embargo, optaste por el tercero. ¿Tan insignificantes eran los otros? ¿O, por el contrario, suponían un peso imposible de cargar?
Fíjate ahora. Al final, el atajo que se presentó ante ti como puerta de salida te está llevando por los más sinuosos senderos. ¿Mereció la pena verse vencido por el temor a una palabra?
Debería hacerlo, por tu bienestar. No hay marcha atrás. De la noche a la mañana, o ni tan siquiera eso, quizá en el espacio de tiempo comprendido entre el encuentro de dos miradas condenadas a fusionarse, decidiste retar al destino por caminos insospechados. Sorprendentes incluso para ti. ¿Qué hubiera pasado si...? Cientos de preguntas que jamás tendrán respuesta pues quizá nunca existieron. Ni lo harán.
Desde el otro lado del sendero custodiaré tus pasos. No me verás, pero caminarás con la seguridad de que guardo en el corazón un botiquín de primeros auxilios. Si tropiezas, colocaré una tirita en tu rodilla; desinfectaré tus heridas con mis lágrimas y te susurraré en la soledad de las noches.
Ahora es tiempo de cerrar una etapa. De comenzar otra. Es tiempo de recordar.
miércoles, 9 de junio de 2010
Funcionary
Pongámosle un toque de humor a esos avatares burocráticos en los que tan frecuentemente nos vemos inmersos. Situaciones por todos conocidas y vividas, capaces de sacar de quicio al alma más sosegada. Quizás, deberían enseñarnos este juego desde que somos niños para hacernos a la idea de lo que nos tocará vivir más adelante y que, además,........no tiene remedio!
Prepárense los opositores para el nuevo lanzamiento de ese otro juego que nos muestra el vídeo. Creo que ya hay lista de espera para hacerse con uno. Mucho ánimo para aquellos aventureros que andan metidos en ese agujero negro: las oposiciones.
Prepárense los opositores para el nuevo lanzamiento de ese otro juego que nos muestra el vídeo. Creo que ya hay lista de espera para hacerse con uno. Mucho ánimo para aquellos aventureros que andan metidos en ese agujero negro: las oposiciones.
viernes, 14 de mayo de 2010
Olvido recuerdos; recuerdo olvidos...
El silencio habla a voces, pero estamos tan pendientes de decir la última palabra que pasamos por alto su significado.
Nocturna soledad capaz de hacer zozobrar las almas más calmadas y apaciguar las agitadas.
Tu silencio hueco nos iguala.
Música en el corazón; inspiración en los oídos.
Nocturna soledad capaz de hacer zozobrar las almas más calmadas y apaciguar las agitadas.
Tu silencio hueco nos iguala.
Música en el corazón; inspiración en los oídos.
domingo, 9 de mayo de 2010
Última decisión
Esta mañana salí a pasear con Eko. Aún era muy temprano, las calles estaban solitarias y el cielo plomizo. El día anterior estuvo lloviendo sin parar y el domingo parecía seguir el mismo camino. La brisa mesaba mis cabellos y despejaba mis ideas. Silencio hueco sólo roto por las rítmicas pisadas de mi perro. Tras veinte minutos de sereno paseo atisbo a lo lejos un coche de bomberos y varios de policía; un pequeño número de viejetes madrugadores con sus boinas para protegerles del frío les acompañaban. Apagué mi mp4 y seguí la ruta que acostumbro a hacer con Eko y que me llevaría al lugar de los hechos.
La escena parecía la imagen proyectada de una película. Murmullos, movimientos de preocupación y dudas, pero silencio, reinaban el ambiente. Sólo hasta que estuve a escasos metros pude sentir la desgracia; en mis oídos y en mis pupilas. Guantes de látex abandonados en el suelo y un policía tapando un cuerpo sin vida con una sábana. Tuve que sujetar a Eko, su intuición detectó que aquella situación no era ni mucho menos habitual.
No vi su cara, pero sus pies me dieron a entender que se trataba de una mujer. Adolescente o adulta lo desconozco, pero ¿qué más da? Sobre aquella plataforma de aluminio yacía un persona cuya vida había llegado a su fin, y ¡de qué forma! Al parecer se había ahorcado; todos los indicios apuntaban a un suicidio. Precisamente anoche, también con Eko, estuve paseando en ese mismo lugar. ¿Entre las personas que allí se encontraban, aparentemente felices y sin grandes preocupaciones, se encontraría la chica que ahora descansaba eternamente sobre el mojado suelo?
Hoy, no consigo quitarme de la cabeza a la familia de esta chica. Si cualquier muerte, natural o no, ya es una tragedia, siempre he pensado que un suicidio, sea cual sea la forma de llevarlo a cabo, es una puñalada para la familia. Sentimientos de culpabilidad e incomprensión. ¿Se podría haber evitado? ¿No se hizo lo suficiente? ¿En que se falló? Supongo que serán preguntas habituales entre los familiares. O incluso puede que resultara una sorpresa y un hecho que jamás pensaron ni intuyeron que pudiera ocurrir. Pero ocurrió.
En muchas ocasiones he escuchado decir que el suicidio es cosa de cobardes, sin embargo jamás he compartido esta afirmación. Sí, la persona que opta por esa decisión cree que no hay otra salida para sus problemas, y puede que no esté en lo cierto, pero acabar con la propia vida debe suponer una buena dosis de coraje y sangre fría. Dejar atrás a tantas personas que te quieren, abandonar ilusiones y sueños, jugarlo todo a una sola carta. Puede incluso que gran parte de nosotros, en momentos tan complicados que se nos escapan de las manos, hayamos llegado a contemplar esa opción como única salida, pero de ahí a cumplir esos pensamientos puede existir un abismo.
En el post de ayer hablaba de los trasplantes de alma y de la cirujía espiritual. Quizá, si se pudieran realizar, habría desgracias evitables. Es sin duda el cerebro y nuestros pensamientos un terreno desconocido y seguramente jamás se llegue a conocer, pero es el precio que hay que pagar para no convertirnos en idénticos y mecánicos robots.
La escena parecía la imagen proyectada de una película. Murmullos, movimientos de preocupación y dudas, pero silencio, reinaban el ambiente. Sólo hasta que estuve a escasos metros pude sentir la desgracia; en mis oídos y en mis pupilas. Guantes de látex abandonados en el suelo y un policía tapando un cuerpo sin vida con una sábana. Tuve que sujetar a Eko, su intuición detectó que aquella situación no era ni mucho menos habitual.
No vi su cara, pero sus pies me dieron a entender que se trataba de una mujer. Adolescente o adulta lo desconozco, pero ¿qué más da? Sobre aquella plataforma de aluminio yacía un persona cuya vida había llegado a su fin, y ¡de qué forma! Al parecer se había ahorcado; todos los indicios apuntaban a un suicidio. Precisamente anoche, también con Eko, estuve paseando en ese mismo lugar. ¿Entre las personas que allí se encontraban, aparentemente felices y sin grandes preocupaciones, se encontraría la chica que ahora descansaba eternamente sobre el mojado suelo?
Hoy, no consigo quitarme de la cabeza a la familia de esta chica. Si cualquier muerte, natural o no, ya es una tragedia, siempre he pensado que un suicidio, sea cual sea la forma de llevarlo a cabo, es una puñalada para la familia. Sentimientos de culpabilidad e incomprensión. ¿Se podría haber evitado? ¿No se hizo lo suficiente? ¿En que se falló? Supongo que serán preguntas habituales entre los familiares. O incluso puede que resultara una sorpresa y un hecho que jamás pensaron ni intuyeron que pudiera ocurrir. Pero ocurrió.
En muchas ocasiones he escuchado decir que el suicidio es cosa de cobardes, sin embargo jamás he compartido esta afirmación. Sí, la persona que opta por esa decisión cree que no hay otra salida para sus problemas, y puede que no esté en lo cierto, pero acabar con la propia vida debe suponer una buena dosis de coraje y sangre fría. Dejar atrás a tantas personas que te quieren, abandonar ilusiones y sueños, jugarlo todo a una sola carta. Puede incluso que gran parte de nosotros, en momentos tan complicados que se nos escapan de las manos, hayamos llegado a contemplar esa opción como única salida, pero de ahí a cumplir esos pensamientos puede existir un abismo.
En el post de ayer hablaba de los trasplantes de alma y de la cirujía espiritual. Quizá, si se pudieran realizar, habría desgracias evitables. Es sin duda el cerebro y nuestros pensamientos un terreno desconocido y seguramente jamás se llegue a conocer, pero es el precio que hay que pagar para no convertirnos en idénticos y mecánicos robots.
sábado, 8 de mayo de 2010
Sin rostro
Esta tarde, al coger un libro de la estantería, ha salido planeando de entre sus páginas un recorte de periódico. Al recogerlo del suelo, he visto que se trataba de un artículo que recorté hace ya unos meses y que decidí guardar tras conmocionarme con su lectura. Recuerdo que se encontraba en la esquina inferior de una página par, pero algo en él me llamó. El motivo por el que decidí proteger el grisáceo artículo entre las páginas de "Los buscadores de conchas" lo desconozco, pero si esta melancólica tarde de sábado el destino ha querido que recuerde su lectura, no puedo más que compartirla con vosotros.
"Este es un artículo incómodo, escrito a vuelapluma sobre el respaldo de una silla de hospital. Un artículo que nace por dos circunstancias hospitalarias. Por un lado, el doctor Pedro Cavada acaba de anunciar el primer trasplante de cara realizado en España; por otro, no hace ni diez minutos que he dejado a mi mujer a las puertas de un quirófano. Ya sé que está en buenas manos, que la operación carece de importancia, que ella iba sonriendo y dándome ánimos, como si el enfermo fuera yo. Pero es precisamente esa sonrisa y esa fortaleza la que me ha dejado desarbolado; porque ella es un roble, pero a mí me temblaba hasta el aliento. Habría dado cualquier cosa por tener a mano al equipo del doctor Cavada para que me pusiera una cara que no transparentase el miedo que le tengo al breve espacio en que ella no está. No ignoro que alguna vez en la vida todos hemos soñado con cambiar de cara. Curiosamente, cuanto más jóvenes menos satisfechos estamos con ella. Al menos a mí me ocurrió, acaso porque nunca fui lo que se dice un tipo guapo. Pero, mira por dónde, un día me sirvió para ligar mi vida a una mujer como no se puede pedir más, y hasta logré que se casara conmigo, por la cara. Ahora la he visto perderse tras una puerta de hospital y es como si al mundo se le parara el pulso. Me he quedado como un pasmarote frente a la puerta, pensando en que un día no muy lejano cambiaremos de cara como quien cambia de camisa, que los cirujanos no saldrán en los papeles sino cuando consigan trasplantes de alma y cirujía espiritual, y que todo eso importará un carajo mientras nos siga azuzando el miedo a perder la única cara que en verdad le da sentido a nuestras vidas. Hasta que no se abra esa puerta y me devuelvan la cara que yo me sé, yo sólo soy un hombre sin rostro".
Florián Recio
miércoles, 5 de mayo de 2010
#
A riesgo de perder la luz del sol sacrifiqué mis noches para contemplar sus estrellas.
Confié en tu brújula, y tan sólo resultó ser un imán sin norte.
Estalactitas recorren sus mejillas. Pobre niña que soñaba con surcar mares cual sirena, para acabar chapoteando en una herrumbrosa bañera junto a un descolorido pato de goma.
Confié en tu brújula, y tan sólo resultó ser un imán sin norte.
Estalactitas recorren sus mejillas. Pobre niña que soñaba con surcar mares cual sirena, para acabar chapoteando en una herrumbrosa bañera junto a un descolorido pato de goma.
viernes, 30 de abril de 2010
¿Jugamos?
Normalmente uno vive, o sobrevive, cada día sin pensar a cada instante que llegará el momento en que esa rutina de la que muchas veces nos quejamos se acabará; y nadie se libra. Y no lo hacemos porque si no el miedo y la angustia se apoderaría de nosotros y nuestra vida sería una muerte constante. Pero cuando ese fatídico final se apodera de tus pensamientos....¿existe alguien que consiga responder a sus dudas? Y, lo que es peor ¿consiga convencerse con sus teorías?
¿Qué acontece después de la muerte? ¿Lo mismo que antes de la vida? ¿Nada? ¿Vivimos ansiosos por cada suceso no planeado, buscando constantemente el permanente control, sufrimos, amamos hasta sentir dolor, reímos como niños, luchamos por crecer profesionalmente y conseguir hacer realidad aquellos sueños que nos cogieron por sorpresa, intentamos encontrar el sentido de la vida en las olas del mar, apostamos todo por ese sentimiento que jamás vimos pero en el que siempre creímos.....para que todo se acabe como si nada hubiera servido? Silencio.
Quizá la vida no sea más que unos juegos reunidos, saltando de uno a otro según la ocasión. Habrá quien juegue a todos, y repita partida. El ganador de la Oca no será el mejor jugador, sino aquél que fue más afortunado al tirar los dados y encontró los mejores atajos. Frente al tablero del Ajedrez intentaremos ponernos ante la pieza más poderosa, teniendo que cruzarnos en el camino con otras muchas, algunas de ellas sin apenas valores. Para ello, unos utilizarán la evasión, otros la lucha. Aquél que consiga más quesitos en el Trivial no siempre coincidirá con la persona más preparada e inteligente. Compraremos y venderemos calles, casas y estaciones en nuestra partida al Monopoly, pagando los alquileres o pernoctando en la prisión hasta la siguiente ronda; alcanzaremos grandes fortunas o nos corromperemos en la miseria. Jugando al Parchís, llegará antes a la meta el que por el camino se haya comido a sus compañeros.
Así, lo importante no es siempre llegar antes al final del camino, sino disfrutar de la experiencia. Ganadores y perdedores, ricos y pobres, tramposos y honrados, cuando acabe la gran partida.....iremos todos a la caja.
¿Qué acontece después de la muerte? ¿Lo mismo que antes de la vida? ¿Nada? ¿Vivimos ansiosos por cada suceso no planeado, buscando constantemente el permanente control, sufrimos, amamos hasta sentir dolor, reímos como niños, luchamos por crecer profesionalmente y conseguir hacer realidad aquellos sueños que nos cogieron por sorpresa, intentamos encontrar el sentido de la vida en las olas del mar, apostamos todo por ese sentimiento que jamás vimos pero en el que siempre creímos.....para que todo se acabe como si nada hubiera servido? Silencio.
Quizá la vida no sea más que unos juegos reunidos, saltando de uno a otro según la ocasión. Habrá quien juegue a todos, y repita partida. El ganador de la Oca no será el mejor jugador, sino aquél que fue más afortunado al tirar los dados y encontró los mejores atajos. Frente al tablero del Ajedrez intentaremos ponernos ante la pieza más poderosa, teniendo que cruzarnos en el camino con otras muchas, algunas de ellas sin apenas valores. Para ello, unos utilizarán la evasión, otros la lucha. Aquél que consiga más quesitos en el Trivial no siempre coincidirá con la persona más preparada e inteligente. Compraremos y venderemos calles, casas y estaciones en nuestra partida al Monopoly, pagando los alquileres o pernoctando en la prisión hasta la siguiente ronda; alcanzaremos grandes fortunas o nos corromperemos en la miseria. Jugando al Parchís, llegará antes a la meta el que por el camino se haya comido a sus compañeros.
Así, lo importante no es siempre llegar antes al final del camino, sino disfrutar de la experiencia. Ganadores y perdedores, ricos y pobres, tramposos y honrados, cuando acabe la gran partida.....iremos todos a la caja.
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